Solo 1 de cada 6 mujeres mantiene su rutina durante la menstruación: el estigma sigue pesando

Una investigación liderada por el Instituto INGENIO (UPV-CSIC) y publicada en BMC Women’s Health revela que solo el 15,4% de las mujeres mantiene su rutina sin cambios durante el ciclo menstrual, evidenciando el impacto social, laboral y emocional del estigma.

Solo 1 de cada 6 mujeres mantiene su rutina durante la menstruación: el estigma sigue pesando

La menstruación sigue siendo un factor determinante en la vida cotidiana de la mayoría de las mujeres en España. Un macroestudio con más de 4.000 participantes concluye que solo el 15,4% logra mantener su rutina diaria sin alteraciones durante el ciclo menstrual, lo que implica que más del 80% adapta su comportamiento, limita actividades o modifica su día a día por causas físicas o sociales.

La investigación ha sido liderada por el Instituto INGENIO, centro mixto de la Universitat Politècnica de València y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, y constituye la cuarta publicación de una de las radiografías más completas realizadas hasta la fecha sobre salud menstrual en España. Tras abordar previamente la educación menstrual, el estigma y el acceso a la atención sanitaria, el nuevo trabajo, publicado en la revista BMC Women’s Health, analiza el impacto social de la menstruación.

“La forma en que se vive no depende únicamente de los síntomas físicos, sino también del contexto social en el que ocurre”, destaca la investigadora Sara Sánchez-López.

Cambios en la rutina, el deporte y la vestimenta

Los datos reflejan que la menstruación continúa condicionando actividades cotidianas. Solo una de cada seis mujeres afirma mantener su rutina sin cambios, mientras que el resto introduce ajustes debido al dolor, a sangrados abundantes o para evitar incomodidad y situaciones de exposición.

Entre las estrategias más frecuentes se encuentran:

  • Evitar prendas blancas (48%)

  • Cambiar determinados tipos de ropa (36%)

  • Reducir la práctica deportiva (21%)

  • Limitar actividades como nadar o acudir a la playa (22%)

El dolor aparece como la principal causa de estas adaptaciones e incluso de ausencias laborales o sociales. Sin embargo, los investigadores subrayan que no todo responde al malestar físico. La ansiedad ante posibles manchas, la falta de espacios adecuados o el temor a reacciones negativas del entorno reflejan la persistencia de normas sociales que relegan la menstruación al ámbito estrictamente privado.

El estigma en el trabajo y la educación

El impacto se traslada también al entorno laboral y académico. El 41% de las encuestadas reconoce haberse ausentado en alguna ocasión por síntomas como dolor intenso, náuseas o fatiga. Sin embargo, un 44% afirma no haber interrumpido su asistencia pese a experimentar estas molestias.

Los testimonios recogidos revelan que muchas mujeres continúan acudiendo a sus puestos de trabajo o centros educativos por miedo a perder el empleo o a ser percibidas como menos comprometidas profesionalmente.

“A menudo, el malestar menstrual no se reconoce como una necesidad legítima de apoyo, sino como algo que puede restar credibilidad”, explica Sánchez-López. La investigadora advierte de que, en un contexto histórico en el que la menstruación fue utilizada para excluir a las mujeres de determinados roles, mostrar vulnerabilidad puede interpretarse como un riesgo.

Burlas, descrédito y estereotipos

El estudio también documenta experiencias de burla y humillación vinculadas a la menstruación, tanto en la adolescencia como en la edad adulta. En etapas tempranas, estas situaciones suelen manifestarse mediante comentarios o ridiculización por parte de compañeros. En la vida adulta, adoptan formas más sutiles, como actitudes condescendientes en el entorno laboral o de pareja.

Además, un número significativo de respuestas describe cómo la menstruación se ha utilizado para cuestionar emociones, decisiones o conflictos cotidianos. Se perpetúan así estereotipos que asocian el ciclo menstrual con falta de control emocional o irracionalidad, lo que puede traducirse en una menor credibilidad social, según señala la investigadora Rocío Poveda Bautista.

Educación, empatía y entornos comprensivos

Frente a estas barreras, el estudio identifica factores protectores que favorecen el bienestar y la resiliencia. Los entornos laborales, educativos y familiares comprensivos y flexibles reducen el impacto del estigma y facilitan una mayor participación social.

“Las experiencias más positivas se asocian a contextos donde hablar de menstruación no genera incomodidad y donde se reconocen las necesidades físicas o emocionales vinculadas al ciclo”, afirma Santiago Moll López, del Departamento de Matemática Aplicada de la Universitat Politècnica de València.

El trabajo subraya que la menstruación continúa siendo un elemento relevante para la salud, la equidad y la participación social, y apunta a la necesidad de avanzar hacia entornos más informados y sensibles.

En la investigación ha participado también la doctora Dani Barrington, de la University of Western Australia, experta internacional en salud menstrual. El estudio ha contado con financiación del proyecto RI-SABIO, impulsado por la Generalitat Valenciana, centrado en modelos de gestión para una investigación e innovación responsable en estructuras sanitarias y biomédicas.

Fuente: CSIC

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